Los rellenos sanitarios al límite dejaron de ser una advertencia técnica para convertirse en una amenaza operativa real. El Ministerio de Salud confirmó que el país cuenta con apenas siete rellenos autorizados y que la saturación o cierre de uno solo provoca un efecto dominó en todo el sistema nacional de manejo de residuos.
La presión se concentra especialmente en el Gran Área Metropolitana, donde la vida útil de los principales sitios de disposición final está por agotarse. Las municipalidades enfrentan costos crecientes y escenarios logísticos complejos ante la posibilidad de trasladar residuos hacia zonas más lejanas como Limón o Puntarenas, lo que inevitablemente impactaría las tarifas que pagan los usuarios.
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Rellenos sanitarios al límite: los números que preocupan
El relleno de Aserrí recibe alrededor de 2.100 toneladas diarias de desechos y tiene una vida útil estimada de apenas once meses, con posible cierre en septiembre. En conjunto con el sitio de La Uruca, se manejan unas 2.600 toneladas cada día.
La situación es aún más apremiante en La Uruca, cuya vida útil ronda los cuatro meses, proyectando un cierre entre abril y mayo. El Ministerio de Salud ha sido claro: el país dispone únicamente de siete rellenos autorizados y cualquier interrupción genera una presión inmediata sobre los demás.
Las autoridades municipales advierten que trasladar residuos fuera del GAM elevaría significativamente los costos operativos, afectando directamente la estructura tarifaria del servicio de recolección.
Rellenos sanitarios al límite: la apuesta por valorización energética
Ante este escenario, la ministra de Salud, Mary Munive, compareció ante la Asamblea Legislativa para defender un proyecto que promueve la valorización energética de residuos orgánicos y el fortalecimiento de la generación sostenible.
La propuesta plantea iniciar con una capacidad de procesamiento de 100 toneladas diarias, con proyección de crecimiento hasta 800 toneladas, cifra que corresponde al volumen de residuos orgánicos generados por grandes productores del Gran Área Metropolitana. Según estimaciones oficiales, la GAM produce hasta 1.500 toneladas diarias de residuos orgánicos.
El objetivo es reducir la cantidad de material que llega a los rellenos, generar energía y aliviar la presión sobre los sitios de disposición final. De avanzar el proyecto, el Gobierno estima que podría consolidarse una solución estructural en un plazo de dos a tres años.
Rellenos sanitarios al límite: el reto cultural pendiente
Sin embargo, la discusión no se limita al marco legal. Diversos sectores han señalado que la cultura ciudadana en el manejo de residuos representa un obstáculo significativo. Botaderos clandestinos, baja separación en origen y deficiencias en educación ambiental limitan el impacto inmediato de cualquier reforma técnica.
El artículo 19 de la Ley 8839 establece la obligación de desarrollar un Plan Nacional de Educación Ambiental desde 2010, una tarea que, según críticos, nunca se implementó de forma efectiva. Esto ha debilitado la capacidad preventiva del sistema y trasladado la presión a los rellenos sanitarios.
Mientras tanto, el calendario avanza. Con La Uruca y Aserrí en cuenta regresiva, el país enfrenta una encrucijada: invertir en infraestructura, acelerar proyectos de valorización energética y fortalecer la educación ambiental, o arriesgarse a una crisis de residuos con consecuencias económicas y sanitarias.
Fuente externa: Ministerio de Salud de Costa Rica
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